PIRATAS EN SARGENTO!

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A una cuadra se veía que algo diferente estaba sucediendo, un cuerpo de patas largas asomaba por arriba de los autos estacionados, gente entraba y salía de la Escuela con la misma cara que tienen quienes llevan a que sus niños para que se diviertan en algún lugar los fines de semana, pero era Viernes y en pleno horario de clases. En la entrada un pirata con sancos y otro en la tierra te invitaban a entrar a la Escuela Municipal Mutualismo Argentino, de barrio Sargento Cabral, convertida en una isla repleta de misterios por descubrir. El equipo directivo, también piratas por un día, recibían a quienes se animaban a vivir la historia. Ya adentro, el pirata Pablo, profe de educación física, se ofrecía de guía para que descubramos juntos el tesoro escondido de la Escuela, no hacía falta muchos mapas para encontrarlo: el cofre contenía la estrecha relación de la escuela con toda la comunidad como la joya más esencial, las monedas de oro eran todas las ideas que habían volcado directivos, maestros, alumnos, padres y madres para lograr que a través de algo tan divertido se pudiera aprender, disfrutar y sobre todo vivir por un día en un apasionante mundo de misterios, estímulo más que importante para la curiosidad y el desarrollo de nuestros niños.

Pablo deja la espada, se acomoda el parche en el ojo y nos introduce en la nave central del barco, lugar donde instituciones de la zona y grados de la escuela mostraban los elaboradísimos trabajos que habían realizado para explicar y enseñar el complejo mundo de esta fantasía, coronaba el salón el cartel que explicaba que era todo esto, una frase resumía todo: “con un libro en tus manos no habrá fronteras que te detengan, ni sueños que no puedas alcanzar”. Claramente, los piratas eran la excusa para tomar los libros y animarnos a darle rienda suelta a la imaginación.

Los alumnos de la modalidad de Adultos, nuestro CEJA, subían al barco mostrando las máscaras que habían hecho en clases con un globo y muchos colores que expresaban cada uno de los sentimientos. Entre los pasillos del Barco nos cruzamos a Matías, alumno del CEJA que había viajado a Buenos Aires por el Proyecto de Ana Frank y nos contó cómo le había ido.

Ya en el pasillo de la Escuela, la imaginación se había acostumbrado a vivir en ese mundo, niños piratas por todos lados corriendo como si se lanzaran de un mástil a otro para acomodar las velas, otros esperando para ingresar a las aulas, que se habían transformado cada una de ellas en camarotes donde se contaban y construían diferentes historias todas ellas muy cuidadas: los piratas comían frutas, leían libros, pintaban y no peleaban entre ellos. En cada aula, las maestras habían asumido la enorme responsabilidad de ser quienes ayudarían a descubrir el mundo que esos niños querían encontrar, disfrazadas de piratas, contaban historias fantásticas de mundos que se pueden encontrar fácilmente con un libro en la mano.
Sentíamos que el barco ya había zarpado, y nosotros estábamos arriba de él.
El Patio era un verdadero mercado de puerto, se podía pescar historias que los que habíamos visitado escribimos y metimos en botellas, había música, bailes y gente con mapas buscando el tesoro, sin darse cuenta que el verdadero tesoro que la Escuela buscaba era que ese niño asumiera el desafío de encontrarlo, era una competencia donde todos ganaban y donde se garantizaba el derecho de todo niño, niña y adulto de acceder a la Cultura de calidad.

Esto que parece un relato fantástico de historias que por lo general ocurren en alguna isla del Caribe, es lo que sucedió el Viernes pasado al terminar la feria del libro que comenzó el Lunes, que organiza la Escuela todos los años, y que es un fiel reflejo de una de las misiones de nuestro Sistema, ser un actor protagónico de la Comunidad. Feria que contó con 6 talleres de lectura y escritura creativa que se dictaban de manera simultánea y que nos permitieron descubrir historias de Dragones, Hadas, Piratas, Botellas y Sonidos del Mar, un homenaje a Maria Teresa Andrueto y una impresionante obra de teatro como acto de Apertura. Contó con apoyos y participación de distintas instituciones de la zona que decidieron embarcar en el barco de la Mutualismo, como ser la Biblioteca Popular Atahualpa, el Centro Vecinal Marquez Anexo y el Jardín Municipal Hijitus que se subió a un colectivo y llevó a los niños para la Escuela.
Al mediodía, la bandera pirata se bajaba del mástil junto con un acto que no tuvo más protocolo que una directora disfrazada de pirata hablándole a una comunidad que a la legua se la notaba satisfecha por la jornada y el barco recuperaba forma de escuela.

Los niños se bajaban del barco y volvían a sus casas, estamos seguros que la sensación era ese entusiasmo por contar las historias vividas al volver de viaje o al apagar la luz disponerse a soñar con ese último párrafo del libro que terminó antes de apoyar la cabeza en la almohada.

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